Santa Rafaela

La Bendición se realizó el pasado 20 de Enero 2010 por su Santidad Benedicto XVI.

Con esta obra ha pretendido representar la misión evangelizadora cristiana y su vigencia en el momento actual, siempre activa, perpetuamente fecunda, como vía para alcanzar la santificación a los jóvenes de la Tierra.

La educación cristiana ha transmitido siempre unos valores de fundamento religioso que han moldeado individualidades integradoras de sociedades respetuosas y cohesionadas, contribuyendo eficazmente a cimentar los parámetros culturales, económicos y tecnológicos del mundo actual.

Santa Rafaela María de Porras, del Sagrado Corazón de Jesús, representa en esta obra como hiciera a través de su propia biografía con su entrega al prójimo y su ejemplar labor la vida trascendente.

Con su mano izquierda sustenta una Biblia entreabierta, que aquí simboliza genéricamente la educación cristiana, el Libro de la Revelación, camino insoslayable hacia el conocimiento…, al tiempo que con su mano derecha entrega a una niña, que se dispone sentada a sus pies, unas espigas de trigo, símbolo de la Eucaristía, camino que determina nuestra comunión con  Dios y la vía de consecución de la Vida Eterna.

La niña se emplaza aquí en el dominio de lo terrenal, elevando su mano derecha al cielo, manifestando con ello su ansia de conocimiento y su deseo de interiorizar, en lo más profundo de su alma, los fundamentos de la Revelación.

Su cabello ondea al viento, significando el transito hacia el dominio de lo celeste, aquí representado por la figura airosa y suavemente inclinada hacia su pupila de la Santa, que aunque no constituye ya materialidad integradora en el dominio de lo terrestre, permanece activa, diligente y protectora de su catecúmena, desde el umbral del empíreo, constatando la presencia constante de una fuerza trascendente que nos ampara y nos tutela, y que está por encima de lo tangible.

Dos mundos figuran aquí interrelacionados: las dos cualidades, las dos naturalezas del ser humano en la Tierra, en espera de la transfiguración definitiva en pura esencia divina, a través del Camino de Salvación.